Érase una vez












En la noche de fin de año, una amiga de Minia nos presentó, y desde ese instante algo cambió. Nuestro grupo de amigos iba perdido entre calles iluminadas por faroles y luces de neón, pero Minia nos guió con la seguridad de quien sabe exactamente a dónde pertenece. Cada paso que dábamos hacia la fiesta parecía marcar el inicio de algo inevitable. Al llegar, nos sumergimos en la música, las risas y los brindis, y mientras todos celebraban, nosotros encontramos un universo propio entre conversaciones y miradas cómplices. La noche pasó como un suspiro, y cuando Minia me acompañó a casa, entendimos que lo que comenzó como una casualidad había trazado un destino compartido. Esa noche de fin de año no solo nos encontró, nos unió.
De camino a casa, surgió la misión más importante de la noche: conseguir unos churros con chocolate para el desayuno. La ciudad aún brillaba con luces y los fuegos artificiales del fin de año iluminaban el cielo, como si nos dieran permiso para divertirnos hasta el último minuto. Esa noche no fue solo un encuentro; fue la primera página de nuestra historia,con la sensación de que, desde entonces, todo había cambiado para siempre.









